PODESTA





1 Response
  1. Les Adjunto este artículo de Julian Estrada
    (Periodico Vivir en el Poblado)

    Podestá merece una venia
    Era una casa con antejardín, en el antejardín una araucaria, luces y ventanas abiertas, notas de música romántica y gente adulta
    que entraba y salía con sonrisa y cara de satisfacción

    Una vez más recurro a la sabia frase del filósofo alemán nacido en Rökken, quien haciendo alusión a los comentarios que se hacen sobre las personas, resume su pensar así: “elogiar es peor que censurar”. Personalmente, siempre he considerado que trátese de lo que se trate, en la vida las cosas se deben de hacer bien ¡y punto! Nada de festejos, nada de condecoraciones, nada de reconocimientos. Adolfo Podestá y yo llegamos a Medellín por la misma época (finales de los años 50), él, joven italiano con rezagos en su memoria de la segunda guerra, pero aventurero y con ganas de triunfar; yo, párvulo bogotano, desubicado y curioso desempacado súbitamente en un barrio absolutamente extraño, al que llamaban Centro. Adolfo aprovechó sus virtudes de violinista y sin olvidar su cocina de crianza, montó su primer negocio en el otrora pacato Centro de Medellín. Necesario es aclarar que, cuando Adolfo comenzó a deleitar clientes con sus pastas y su violín, yo en osadas travesuras infantiles y nocturnas, me deleitaba escuchando y mirando desde lejos un mundo que jamás había imaginado… era una casa con antejardín, en el antejardín una araucaria, luces y ventanas abiertas, notas de música romántica y gente adulta que entraba y salía con sonrisa y cara de satisfacción; así recuerdo en mi frágil memoria, los primeros días de aquel negocio, en donde el aviso de su nombre estaba antecedido por la conspicua palabreja anglosajona, cuyo significado comercial ya desapareció, se llamaba: Grill Piamonte.
    No soy biógrafo de Adolfo, ni siquiera soy amigo de vieja data; nos conocemos sí, desde hace algunos años, cuando yo ya era persona adulta y tuve la osadía de montar un restaurante de comida italiana… en más de una ocasión recurrí a Podestá para consultar y preguntar sobre su fogón de origen, todas mis inquietudes fueron resueltas con amabilidad y franqueza y mucha de mi experiencia de mesa italiana se la debo a él. Con el pasar de los años, me convertí en asiduo comensal de sus negocios; Adolfo ha trajinado por nuestra ciudad como un auténtico gladiador, luchando silenciosamente en diferentes lugares y con diferentes socios, razón por la cual, los nombres de sus sitios han variado según épocas y tendencias, pero definitivamente, sus amigos y su clientela, cuando toman la decisión de ir a su restaurante -llámese como se llame- siempre se refieren al lugar, diciendo: Vamos a Podestá.
    En la edición anterior, se publicó un aviso que anunciaba, palabra más palabra menos, los 50 años del restaurante Podestá. La historia de los restaurantes en Medellín no está aún publicada. Sin lugar a dudas, quien se ponga en esta tarea, deberá reconocer que, uno de los pioneros en esta ciudad (quede claro: no estamos diciendo que fue el primero) del mundo de la mesa con manteles, candelabros, copas de vino, música de violín y una comida bien sazonada fue Adolfo Podestá. Cualquier trabajo que se haga en la vida durante 50 años merece reconocimiento. Por mi parte, tal y como se dice coloquialmente: Yo ante Adolfo Podestá ¡me quito el sombrero!

    buenamesa@vivirenelpoblado.com


Publicar un comentario